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Viernes, 27 jul 2018

Hugo Chávez y la Patria en una dialéctica de amor


Chávez-pueblo

Hoy en día desde una niña, un niño, un joven y hasta un adulto, habla de Hugo Rafael Chávez Frías en cualquier lugar y en cualquier momento, ya que se quedó intrínseco en nuestros corazones y vocabulario, esto gracias a que nos habló de manera constante y clara de la historia de nuestro país, pero sobre todo porque nos invitó a sentir la erupción del volcán de la Revolución Bolivariana, la cual ha cubierto con su manto socialista a los más desposeídos.               

A los 64 años del nacimiento de Hugo Chávez, es preciso comprender y digerir la grandeza de este hombre, amigo, maestro y líder, quien rescató el sentimiento patrio con una dialéctica llena de amor, cada vez más profunda, que instó a cada venezolana y venezolano a buscar y comprender sus raíces.

Este año el Ministerio del Poder Popular para la Alimentación (Minppal), a través del Instituto Nacional de Nutrición (INN), ha dedicado cada línea de este espacio para recordar al Comandante Chávez, con el cariño más amplio e infinito que nos pueda emanar del corazón: ese sincero y leal que resuena en el pueblo y pasará de generación en generación; al mismo tiempo, que lo resalta como el gran arquitecto de toda una estructura dirigida, de manera especial, al tema alimentario y nutricional.

Desde el punto de vista histórico de la filosofía, como bien lo plantea el filósofo venezolano José Manuel Briceño Guerrero, en su libro ¿Qué es la filosofía?, “El mundo del hombre está estructurado valorativamente. Su arquitectura está configurada por el sistema de valores predominantes” y es que el Comandante Chávez se presentó ante la sociedad con valores buenos, más no negativos, colocando al ser humano en el centro de todo y dándole una importancia impensable a finales del siglo XX y a principios del XXI, cuando se quiso imponer que se debía rendir tributo sólo al capitalismo salvaje.

Chávez fue un profundo bolivariano, que estudió y entendió otras corrientes ideológicas y formó su propio criterio político. Eso lo catapultó a una dimensión más sensible, que le permitió entender necesidades básicas, que para otros no eran importantes, como ese derecho a la alimentación, que desde 1999 se encuentra constitucionalizado en nuestra Carta Magna y es universal.

El hecho de crear un Ministerio del Poder Popular para la Alimentación, el mismo Mercado de Alimentos (Mercal), rescatar la Fundación de Fundación Programa de Alimentos Estratégicos (Fundaproal), conformar la Productora y Distribuidora Venezolana de Alimentos (Pdval), entre otros instrumentos para poder distribuir verdaderamente los alimentos a las venezolanas y los venezolanos, fue una manera tan humana y llana de entender que debía ayudar a los más necesitados, para que comenzaran por un derecho básico como era alimentarse y nutrirse.

Apostándole al espíritu del pueblo

“El espíritu y la materia son las categorías filosóficas que han transitado los saberes más complejos en el núcleo filosófico de la cultura occidental, y la historia de la filosofía está impregnada de amantes de la sabiduría que le han apostado al espíritu”, nos indica el escritor hondureño, Milson Salgado, en 2013 en su texto Hugo Chávez, el milagro de la dialéctica en el mundo.

Y es que Chávez fue un sabio de la historia que le apostó al espíritu del pueblo, confió en que el pueblo era la fuerza concreta cuya transformación de la cultura y calidad de vida, está en sus propias manos, por lo que los saberes y la creatividad residen potencialmente en sus mentes y sus cuerpos.

Esa relación Chávez-Pueblo tiene un código único que va de espíritu a espíritu, indecodificable, desbordante con su carácter popular y que se alimenta de amor. La misma relación, soporta hoy cualquier vestigio de sentimiento triste y se fortalece ante los embates inhumanos, fascistas, de los que dan al traste con el proyecto de la Revolución Bolivariana.

En consecuencia, gracias a Chávez el espíritu de lucha no ha decaído en las y los venezolanos y quizás el Caracazo sirvió “para que los saberes se multiplicaran, las conciencias colectivas conocieran la marginación y la exclusión para que aquel monaguillo, vendedor de arañas, soldado patriótico recorriera la Patria y leyera el espíritu de Venezuela para transformar de forma incesante el laberinto de miseria y desesperanza en que habían postrado a la Patria”, como lo plantea Salgado.

“Con un arañero y monaguillo que se ha ido de materia pero está en el espíritu de su pueblo y que le arrancó millones y millones de páginas a los científicos sociales, millones y millones de dolores de cabeza a los dueños del mundo, reflexiones y teorías tras otras, y sobre todo esperanza para el mundo entero, es difícil negar el gran aporte que ha dado la dialéctica al milagro venezolano y al mundo entero”, agrega el escritor hondureño.

Hoy Venezuela, envuelta en su hermoso tricolor, echa a andar de nuevo su espíritu libertario, ese el de Francisco de Miranda, el de Simón Bolívar, el de Simón Rodríguez, el de Antonio José de Sucre, el de Ezequiel Zamora, el cual nos lleva a conectarnos con el de Chávez desde el sentido patrio más sublime.

Entonces, comencemos por nosotras y nosotros mismos, volvamos a nuestros valores, a nuestras costumbres más positivas, a querer a esta Patria que nos vio nacer y vio nacer en la humildad más humilde, de las tierras de Sabaneta de Barinas, al Comandante Hugo Chávez Frías, un gigante que supo interpretar a un pueblo y darle amor, para valorar al mundo y sus particularidades que hoy le sigue de cerca, así su materia no esté, pero con la certeza de que su espíritu sigue intacto en el Poder Originario.

 Texto: Yolianny Meléndez.

Foto: cortesía.   

 

 

 

 

Publicado por en Reportajes 84

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