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Jueves, 18 ene 2018

La colonización de los alimentos en Venezuela


 

alimentos por épocas

Los indígenas Caribes históricamente han luchado por su dignidad y territorialidad, lo que implicó durante la invasión española que lucharan por sus tierras y los alimentos que producían, aunque luego de más de 300 años de opresión muchos otros alimentos de origen europeo se probaron y tomaron como costumbre, por lo que pasaron a ser parte de la historia gastronómica-cultural de nuestros ancestros y permanecen en la actualidad en nuestros hogares.

En ese sentido, la gastronomía venezolana se puede entender como muy compleja y diversa, pero no se debe olvidar que la colonización de los alimentos también nos ha hecho distanciarnos de nuestros orígenes y ha distorsionado la identidad nacional.

El Ministerio del Poder Popular para la Alimentación (Minppal), por medio del Instituto Nacional de Nutrición (INN), insiste en el rescate de la cocina y gastronomía ancestral con la nueva Cultura Alimentaria y Nutricional, por lo que resulta adecuado hablar de dónde vienen nuestros alimentos.

Como ya es conocido, buena parte del tema histórico-cultural de nuestro país, la colonización de los pueblos indígenas por parte de los países europeos fue violenta e igual la manera de conocer y aceptar nuestros alimentos.

Cuando los españoles invaden parte del continente americano y en especial a Venezuela, éstos consideraban de mala calidad a casi todo lo producido acá; pero los alimentos eran la base de su misma supervivencia y en tiempos de austeridad les tocó consumirlos.

Nuestros indígenas producían en las tierras venezolanas tubérculos y granos, eran audaces cazadores, con lo que se sostenían y vivían en sus comunidades; esos alimentos le proporcionaban altas propiedades nutricionales y mantenían sus cuerpos y mentes en un estado óptimo y activo, hasta con pesos ideales.

Los españoles presentaban otros rasgos físicos diferentes y creían que nuestros alimentos hasta les podían deformar sus cuerpos y dañar su manera de vivir, por lo que podrían terminar, según sus creencias, en las mismas condiciones que nuestros indígenas y perder su poder en tierras ajenas.

Un arma de dominación

Como se sabe, históricamente el alimento es un arma de dominación, pero en Venezuela luego de quedarnos con una mezcla importante en nuestra gastronomía, debido a la colonización española y los esclavos que traían de África, cambió también parte de ella a principios del siglo XX. Y es que luego de la industrialización en Europa y la primera Guerra Mundial, se incorporó una corriente de nuevos alimentos y formas de alimentarnos del viejo continente, que se instalaron acá con la inmigración de personas provenientes de Italia, Portugal y España, entre otros países; además comenzaba Estados Unidos a direccionar su dominio en el continente americano e inició un proceso de influencia, acompañado de la publicidad, para vendernos nuevos productos más “sofisticados” y listos para comer.

Empresas transnacionales de la industria de alimentos llegaron y nos presentaban la comida ya preparada, la llamada “chatarra” y el mismo refresco o gaseosa, nuevos productos como la margarina, mayonesa y queso para untar, entre otros, influyeron en nuestras formas de vida y se dejaron poco a poco de lado muchas de nuestras costumbres, con lo que se transformó nuestra forma de pensar y alimentarnos, así como la rutina y presupuesto que se llevaba hasta el momento.

Una muestra de ello fue el caso de la arepa de maíz pilado, cuyo grano antes se solía pilar y se obtenía una masa con la que se procedía a preparar las arepas; éstas poseían un alto contenido nutricional a diferencia de las harinas para arepas que se consumen hoy en día, muchas veces rendidas con otros componentes químicos.

Los 90 llenos de comida chatarra

En Venezuela se generaron patrones de consumo foráneos, que llevaron a tener muy malos hábitos alimentarios. Para los años 70 y 80 ya todo había cambiado y para la década de los 90 varias cadenas de comida rápida ya tomaban posesión en el país; a finales del siglo formaban parte de la vida de las y los consumidores criollos. En esa época se observó con preocupación el sobrepeso, la obesidad, así como enfermedades crónicas o enfermedades no transmisibles (ENT) como la diabetes.

En consecuencia el cambio de patrones de consumo aumentó con la disponibilidad de productos ultra procesados, con altos contenidos de grasa, azúcar y sal, lo que disminuyó las preparaciones culinarias tradicionales.

La evolución de nuestros alimentos durante todas las décadas del siglo pasado, que ya venían marcados desde la colonización, siguió en esta época hacia otro tipo de colonización pero más “moderna”, en medio de la globalización, la cual sólo ha alejado más a las familias venezolanas de su propia identidad gastronómica y ha traído como consecuencia el padecimiento, además de la diabetes, de enfermedades cardiovasculares, hipertensión y cáncer, las cuales se encuentran entre las diez principales causas de muerte en la región de Latinoamérica y el Caribe, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Si hay algo que resaltar de nuestra gastronomía es la resistencia de los aborígenes, que ha trascendido hasta nuestros días como parte de la cultura criolla; por eso debemos seguir en defensa de nuestras arepas de maíz o aquellas hechas con tubérculos (ñame o yuca), las hallacas, las cachapas, el casabe y demás alimentos o platos que sí forman parte de nuestra identidad nacional y son mucho más saludables que cualquier alimento procesado.

El INN invita a no olvidar de dónde venimos, lo que se ha sufrido, para con inteligencia y sentido de pertenencia saber hacia dónde vamos, en el marco de la nueva Cultura Alimentaria y Nutricional, que no es más que el rescate de nuestra gastronomía ancestral.

Redacción: Yolianny Meléndez/Prensa INN.

Foto: Diseño INN.

Publicado por en Reportajes 1372

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